El día 8 de octubre de 1998, José Saramago recibió la noticia de que la Academia Sueca le había otorgado el Premio Nobel de Literatura de ese año. "Sólo había una cosa por hacer: era vivir y hacer vivir lo más intensamente posible las consecuencias del premio", dijo, años después, el escritor sobre el acontecimiento que marcó un hito no sólo para su vida, sino también para la literatura en lengua portuguesa.